domingo, 18 de noviembre de 2007

Adiós......Carita sucia


El timbre sonaba como nunca, como si alguien pidiera ayuda. Ese sonido ruidoso era un dolor de cabeza, por eso inmediatamente tiré al suelo 4 de los diccionarios Quillett de mi papá; esos diccionarios sí que eran buenos por su contenido y por su grosor, ya que gracias a éstos me pude subir encima de ellos para poder alcanzar la ventanita de mi puerta y ver quién tocaba con desesperaciòn. Sí que yo necesitaba de ayuda, pues mi estatura me impedía llegar a la ventana.

Grande fué la sorpresa, cuando ví por primera vez a un muchacho, pero lo ví como hombre, me refiero a que en mi educación primaria tenía muchísimos amiguitos niños, pero eran eso: niños. Luego en mi educaciòn secundaria fueron mujeres.
Cuando lo vì nos quedamos mudos. Parecía que él también, por primera vez veía a una mujer. Era de tez blanca, muy blanca, ojos pequeños color miel, cabello castaño claro. Pero en todo su rostro había una suciedad de tierra mezclada con sudor. Parecía que había salido debajo de un carro, pero la verdad era que había terminado de jugar un partido de fútbol.
Se avergonzó mucho y quizo taparse el rostro pero era demasiado tarde; con un poco de tartamudez solo dijo: "Angelo". Y él es mi hermano mayor; desde ese entonces Miguel que así se llamaba, empezó a ir más seguido a mi casa, ya que Angelo recién empezaba a hacer vida social igual que Miguel.

Pasaron muchos meses, hasta que un día sábado mirando Trampolín a la Fama, mi papá me dijo que Miguel me buscaba. Nunca salí. Ese día mamá y papá se molestaron conmigo.

Pasaron meses y de la memoria de Miguel se fue borrando el nombre de Angelo y desde entonces solo para él existía mi nombre.

En un comienzo cuando iba al colegio lo veía a una cuadra de distancia, él llevándome ventaja. Sus pasos los hacía lentos y a veces se hacía el que se amarraba los pasadores de los zapatos, para que yo pueda llegar a él. Por otro lado mis pasos los hacía más lentos porque nunca queria llegar hacia él; tanto fue así que un día un poco temerosa salí corriendo de mi casa y no paré hasta llegar a la Av. Alfonso Ugarte, agitada y sudorosa miré en ambos lados para cruzar la Av. Tal fué mi sorpresa que él estaba detras de un kiosko de periódico mirándome.
¡Qué verguenza! no podía cruzar la Av. porque estaba en verde, rápidamente Miguel se acercó y me dijo: No tengas miedo, solo quiero que seas mi amiga incondicional. Tanta fué la honestidad hacia mí que desde ese momento nunca nos separamos. Pasaron semanas, meses, años y seguiamos juntos con la única diferencia de que ya no nos veíamos como amigos; él era un hermano más, al igual que yo lo era para él.

El sabía que solo tenía que buscarme 2 veces por semana, los miércoles después de las tareas y los sábados por la tarde; pero eso sí, las charlas y juegos eran en la puerta de mi casa, sentados en el pasadizo, así se hizo conocido por los vecinos que lo querían mucho porque siempre los ayudaba a subir o bajar sus paquetes a ellos.
Casi siempre me ganaba en ajedrez y yo le ganaba en charadas, igual que el vóley con pelota .... mejor dicho, con un globo que utilizábamos, pero casi siempre él acompañaba estos juegos con cigarrillos. Diario fumaba de 20 a 30 cigarrillos.

Pasaron muchos años hasta que empezó a distanciarse porque salía con una amiga mía (Rocio) del colegio. Estuvieron aprox. 6 meses, pero seguía buscándome y me contaba todos sus secretos igual que yo a él. Luego empezó a ilusionarse, enamorarse, salía con chicas, ya iba a fiestas y luego me contaba como eran éstas, lo cual me fascinaba y tomaba mucha atención a todo lo que él narraba.

Pasaron aproximadamente 8 meses y mi timbre ya no llamaba. A Miguel se lo habia tragado la tierra, no podía ir a su casa porque para mí era un atrevimiento, pero al mismo tiempo era una extrañeza, él nunca se había ausentado tanto tiempo.

Triste fué el día cuando con ojos llorosos llegó a mi casa y me contó que se sentía muy mal. Habia hecho bastante esfuerzo para llegar a mi casa, en ese entonces no entendía nada, ya que su casa quedaba casi al frente de la mía.
Tanta era la confianza que me abrazó muy fuerte por primera vez y no me soltaba, solo atinaba a llorar y llorar. No digas nada a nadie, me dijo...y comenzó a contarme.
Miguel había sido infectado por una estudiante del colegio de mujeres Rosa de Santa María, sangraba mucho y tenía mucho dolor (no quiero entrar en detalles) pero no era sida. Inmediatamente lo quize llevar al mèdico y no quizo, se negó, lo amenazé con contarle a mi mamá o a Angelo, mi hermano estaba estudiando en la facultad de medicina, pero lamentablemente ya le había hecho una promesa. Pero tenía que hacer algo. No podía quedarme de brazos cruzados.

Al dia siguiente desde la mañana me puse a pensar en lo que iba a hacer. Grande fué mi sorpresa cuando él llegó a mi casa y solo quería que lo escuche.
Me dijo: "Pronto, muy pronto de lo que te imaginas nos vamos a separar, porque voy a ir al norte caminando, a traer un caballo blanco y cuando vuelva con éste, tú ya te habrás mudado a San Miguel. Llegaré a tu nueva casa montado en el caballo, el cual será jalado y te traeré de nuevo a Breña para que todos te vean como una reyna, y les dire que eres tú: "la chata Mirzam, mi hermanita, mi amiga incondicional que un día te pedí que lo fueras y cumpliste.....".

No más dijo y se despidió con un fuerte abrazo y un beso en la mejilla. Solo atiné a decirle que nos veíamos en la tarde.
Nunca llegó, pensé que estaba con su enamorada (una chatita, algo simpática) a ella siempre le molestaba que él vaya a verme.
Como no llegaba a mi casa y yo estaba con mucha angustia le pedí a Angelo ir a verlo a eso de las 5:00 de la tarde.
Nos abrió la puerta su papà y nos dijo que subiéramos a la azotea. Me arrepentí de haber ido. Estaba dentro de un cuarto de tripley donde solo entraba una cama comodoy. Parecía un bicho raro. Como si tuviera algo contagioso lo tiraron a la zotea, como un perro sarnoso (él tenía cáncer a los pulmones) Me vio entrar al cuartito con Angelo y no podía casi hablar.
Era increible que en tan pocas horas haya decaído tanto. Sus lágrimas caían por su rostro huesudo. Toda la piel se le había pegado al rostro, los ojos los tenía profundos y alrededor de éstos tenía color oscuro, parecía un oso panda, parecía un cadáver.

Como nuestra presencia le incomodaba a su enamorada que en esos momentos estaba embarazada de 6 meses, preferimos irnos y le prometí que siempre iba a pensar en él.
En ese momento no sabía si era la última vez que lo iba a ver, lo único que sabía era que iba a perder a un verdadero amigo y que solo en el mundo iba existir un Miguel.

Al día siguiente, por la mañana el timbre sonaba y no dejaba de sonar, como la primera vez que Miguel tocó, no había nadie en casa y yo estaba durmiendo.
Me levanté rápidamente para ver a Miguel como la primera vez con su carita sucia.
Cuando salí era Diego. Un niño que era vecino de nosotros, gritando en todo el edificio para que todos oigan. Dijo: "Miguel ha muerto". No podía creer.
Me tiré al suelo y justó llegó mi mamá de compras. Me doblé en dos y me consolaron.
Al medio día fuimos todos los amigos al velorio y al entierro. Fue triste porque nadie de la familia lo quería cargar. Sólo lo cargaron los amigos del fútbol.

Pasó el tiempo y todos se olvidaron de él. A la semana fui al cementerio. Sentí que estaba a mi lado, y lo único que atiné a decir en esas 2 horas que estuve en silencio, fue:
Adiós....carita sucia.
Mirzam Ascarza

1 comentario:

marina dijo...

Cuesta creer como nuestra ignorancia nos puede llevar a ser tan crueles, incluso con la gente que amamos.
Nos encantaria tener aq una Anselmina en nuestras actividades de aniversario, para ello se puede comunicar con Coordinacion2008ham@hotmail.com